El desgaste del poder adquisitivo de la clase media

Ser parte de la clase media en Argentina implica niveles de consumo muy variados. Un estudio reciente mostró la gran diversidad dentro de este grupo: hay hogares que requieren alrededor de 2,4 millones de pesos mensuales para sostener su estilo de vida, mientras que otros necesitan más de 11 millones, casi cinco veces más. Por eso, hablar de una “clase media única” ya no refleja la realidad; lo que sí se mantiene es el deterioro económico, que atraviesa a todos los niveles.

Históricamente, la clase media argentina fue un distintivo frente a otros países latinoamericanos más polarizados, donde la riqueza y la exclusión eran más extremas. Sin embargo, en los últimos años esa estructura comenzó a fracturarse, independientemente del color político de los gobiernos. La combinación de empleos cada vez más inestables y salarios rezagados frente a la inflación redujo los ingresos y limitó la movilidad social ascendente.

La destrucción de puestos de trabajo formales en el sector privado se aceleró, mientras que el empleo se desplaza hacia modalidades más frágiles, como el monotributo y el trabajo en plataformas digitales. La precarización laboral avanza a la par de la caída del salario real. Además, los gastos de los hogares se ven cada vez más presionados por la combinación de congelamiento salarial y aumentos en servicios públicos, educación privada y medicina prepaga, que superan la inflación.

Otro factor que influye es el endeudamiento para mantener el consumo básico, incluso en productos esenciales como alimentos. El uso de compras en cuotas con tarjeta ha mostrado un incremento en la morosidad. Para muchos en la clase media, sostener su nivel de vida ya no depende solo de la planificación, sino de la capacidad de acceder a crédito.

El informe destaca la diversidad interna de la clase media: no es lo mismo pertenecer a la clase media baja, media-media o media alta. Las diferencias se reflejan en canastas de consumo, capacidad de ahorro y estilo de vida. Según la consultora, ser clase media baja implica ingresos de 2.461.628 pesos, la clase media-media necesita unos 5.700.903 pesos, y la clase media alta llega a 11.615.218 pesos.

Dentro de la clase media baja, la mitad de los ingresos se destina a alimentos y vivienda, incluso bajo condiciones moderadas (un departamento pequeño en Zona Sur, expensas básicas y tecnología mínima como un Smart TV y dos celulares). La salud depende del sistema público y el transporte combina vehículo propio con colectivos, tren o subte. No hay posibilidad de ahorro.

La clase media-media presenta una canasta más amplia y exigente. Educación y salud ocupan un lugar central, con colegios semiprivados y cobertura médica de costo medio. Vivienda, tecnología y recreación ganan peso, incluyendo actividades extracurriculares para los hijos y vacaciones en la costa argentina. Entre un 5 y 10 % de sus ingresos se destina al ahorro.

En la clase media alta, los gastos aumentan en casi todos los rubros. La educación es privada, la salud se cubre con planes completos y costosos, se necesitan dos autos, la vivienda es más grande o mejor ubicada, y la tecnología del hogar es de gama alta. La recreación incluye múltiples actividades para los hijos y un viaje al exterior anual. Este grupo es el único con capacidad estable de ahorro o inversión, que representa entre el 15 y 20 % de sus ingresos, pese a un estilo de vida exigente.

En definitiva, hoy la clase media argentina no puede definirse como un bloque homogéneo: convive con diferencias marcadas en estilo de vida, oportunidades y niveles de ingreso, que cada vez se parecen menos entre sí.

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