Café Thibon, un ícono del café en Buenos Aires desde 1935

La historia del Café Thibon comenzó mucho antes de que sus puertas se abrieran en Buenos Aires. Sus raíces se encuentran en Francia, donde la familia Thibon estaba vinculada al cultivo de la vid y había desarrollado conocimientos relacionados con la producción y el mundo del vino.

En 1935, la familia llegó a Buenos Aires y trajo consigo aquella experiencia adquirida en su tierra de origen. Tres años más tarde, en 1938, decidió dar un nuevo paso y abrió un café que llevaría su propio apellido. Así nació Café Thibon, un establecimiento que con el tiempo desarrollaría una identidad particular dentro de la gastronomía porteña.

Desde sus comienzos, el vino ocupó un lugar central. La tradición vitivinícola de la familia encontró en la vinoteca uno de los principales rasgos distintivos del establecimiento, convirtiendo al local en un punto de referencia para quienes buscaban conocer y disfrutar diferentes etiquetas.

Pero la propuesta no quedó limitada al mundo del vino. El café también fue ganando protagonismo. El grano tostado y molido se convirtió en otra de las especialidades asociadas a la casa, manteniendo una tradición que acompaña al establecimiento desde hace décadas.

Esa combinación entre vino y café le permitió construir una identidad singular: por un lado, la herencia francesa de una familia relacionada con la vid; por otro, la cultura porteña de sentarse a tomar un café y compartir una conversación.

Con el paso de las generaciones, Café Thibon conservó ese vínculo entre productos, tradición y encuentro. Su historia forma parte de una Buenos Aires en la que muchos comercios familiares lograron transformar los conocimientos traídos por los inmigrantes en propuestas propias, integradas a la vida cotidiana de la ciudad.

Hoy, Café Thibon continúa evocando aquella historia iniciada hace más de ocho décadas. El vino y el café siguen siendo protagonistas de una propuesta que encuentra su atractivo no sólo en lo que se sirve en la mesa, sino también en la posibilidad de disfrutarlo dentro de un ambiente que conserva la memoria de varias generaciones.

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