La disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá volvió a escalar luego de que el presidente estadounidense Donald Trump anunciara nuevas posibles restricciones contra el fabricante aeronáutico canadiense Bombardier.
La advertencia surgió en un momento especialmente delicado para las relaciones entre ambos países, debido a que Ottawa se preparaba para aplicar nuevos aranceles sobre productos procedentes de Estados Unidos. El deterioro del diálogo entre las dos administraciones ha llevado el conflicto comercial a un nivel de tensión cada vez mayor.
Trump cuestionó públicamente las condiciones que, según su gobierno, enfrentan las empresas estadounidenses que buscan desarrollar actividades en Canadá. En ese contexto, planteó la posibilidad de impedir que los aviones fabricados por Bombardier puedan ser comercializados en Estados Unidos, como parte de una estrategia destinada a ejercer presión sobre las autoridades canadienses.
No se trata, sin embargo, de una disputa surgida recientemente. Meses atrás, el mandatario estadounidense ya había amenazado con retirar la autorización para la comercialización de determinadas aeronaves provenientes de Canadá y con imponer una tarifa del 50 % sobre esos productos. Washington justificó entonces sus medidas alegando que las compañías estadounidenses sufrían obstáculos regulatorios y comerciales para competir en el mercado canadiense.
El enfrentamiento forma parte de una relación bilateral que se ha deteriorado desde el comienzo del nuevo período presidencial de Trump. Canadá ha sido uno de los principales objetivos de la política comercial proteccionista impulsada desde Washington, mientras que las declaraciones del mandatario estadounidense sobre una eventual incorporación de Canadá a Estados Unidos también han generado fuertes reacciones.
La tensión volvió a quedar expuesta cuando Trump publicó una polémica representación cartográfica en la que el territorio estadounidense aparecía extendido sobre buena parte de América del Norte, además de incluir Groenlandia, Islandia y sectores del Caribe.
Mientras tanto, el gobierno canadiense avanzó con su propia respuesta económica. Las medidas anunciadas por Ottawa contemplan diferentes niveles de aranceles —del 15 %, 25 % y hasta 50 %— sobre productos estadounidenses por un valor estimado en unos 20.000 millones de dólares. La lista incluye distintos bienes vinculados con la industria siderúrgica y otros productos importados desde Estados Unidos.
