El Gobierno analiza con cautela la ecuación entre tipo de cambio, carga impositiva, precio local del petróleo y decisiones comerciales de YPF antes de definir un eventual ajuste en los combustibles, una vez que finalice el congelamiento dispuesto para contener su impacto en la inflación de abril.
En la evaluación oficial se considera que una baja significativa del precio internacional, del orden del 32% hasta niveles cercanos a los US$ 60 por barril, podría habilitar una corrección en los surtidores. Sin embargo, en la administración económica ven poco probable ese escenario en el corto plazo, debido a los daños en infraestructura en Medio Oriente y a las dificultades para recomponer la producción global.
En paralelo, los valores internos de los combustibles aún se encuentran referenciados a un crudo cercano a los US$ 90, mientras que las empresas del sector buscan recuperar parte del retraso acumulado en los últimos meses. En ese marco, las refinadoras incluso evalúan el uso de herramientas financieras de cobertura, como los seguros (“hedge”), para mitigar el impacto de eventuales caídas en los precios internacionales.
En la cadena de precios también intervienen distintos niveles de jurisdicción que participan en la recaudación. Según un informe de Focus Market, el 46,6% del valor final de los combustibles corresponde a impuestos: 41,5% a Nación, 3% a provincias y 2,1% a municipios. Esa estructura explicaría, en parte, la facilidad para trasladar aumentos al surtidor y la mayor rigidez a la hora de convalidar bajas.
A esto se suma la política de precios de la petrolera estatal, la suspensión del aumento del impuesto a los combustibles y la autorización de un mayor corte con bioetanol, factores que contribuyeron a moderar el impacto en los valores finales. En ese sentido, el titular del IARAF, Nadin Argañaraz, estimó que la aplicación del ajuste impositivo postergado hubiera llevado el litro de nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires a unos 2.250 pesos.
Desde el inicio de las tensiones en el Estrecho de Ormuz, los combustibles acumulan incrementos cercanos al 23%, aunque la brecha con la paridad de exportación se mantiene en torno al 15%. En la estructura del Índice de Precios al Consumidor, las naftas y el gasoil representan aproximadamente el 3,8%, por lo que un aumento del 10% en los surtidores implica un impacto directo cercano a 0,38 puntos porcentuales en la inflación.
En ese contexto, el congelamiento de precios por 45 días respondió a la intención oficial de evitar un mayor traslado a la inflación general, en un escenario en el que el aumento del combustible ya se viene trasladando a toda la cadena de costos, especialmente transporte y logística, con impacto en bienes y servicios.
Finalmente, los combustibles acumulan subas superiores a la inflación en el último año, con un incremento del 63,6%, frente al 33,1% del nivel general de precios, lo que refleja la presión sostenida del sector sobre la estructura de costos de la economía.
