La historia de esta tradicional esquina porteña se remonta a las últimas décadas del siglo XIX. En Presidente Perón y Bulnes funcionaba entonces un almacén que, además de vender productos, contaba con un despacho de bebidas. Era un tipo de comercio muy característico de aquella época, heredero de la tradición de las antiguas pulperías.
Con los años, aquel almacén fue transformándose hasta convertirse en un bar. Su reducido interior conserva una atmósfera sencilla y cargada de recuerdos: una antigua barra de madera ocupa buena parte del espacio, mientras que detrás se encuentra una estantería repleta de botellas. Muchas de ellas todavía exhiben etiquetas envejecidas, cuyos tonos amarronados dejan en evidencia el paso del tiempo.
La historia del lugar también puede apreciarse en su fachada. Allí, el pintor Crespi realizó un mural dedicado a Carlos Gardel, representado junto a una pareja de bailarines de tango. La obra aporta a la esquina un fuerte carácter porteño y refuerza el vínculo del bar con la cultura popular de Buenos Aires.
Entre su pequeño espacio, sus botellas antiguas y la presencia de Gardel en la fachada, El Bar de Roberto conserva el espíritu de aquellos viejos bares que sobrevivieron a las transformaciones de la ciudad.
