La pizza tiene su lugar destacado en Los Inmortales

La historia de Los Inmortales está ligada desde su origen a una de las épocas más bohemias de Buenos Aires. El proyecto nació en 1952, cuando Felipe Fiorellino y Francisco Di Ciancia decidieron abrir una pizzería y eligieron para ella un nombre cargado de significado: Los Inmortales.

La denominación no fue casual. Hacía referencia al recordado Café de los Inmortales, también conocido como Copetín de Corrientes, un antiguo punto de encuentro de escritores, artistas y personajes vinculados a la vida cultural porteña. Durante la década de 1930, aquel café formaba parte del circuito bohemio de la ciudad y sus mesas eran escenario de largas conversaciones y encuentros entre figuras de la literatura y las artes.

Esa historia terminó trasladándose a la nueva pizzería. Con el paso de los años, las paredes de Los Inmortales comenzaron a llenarse de fotografías de aquellos protagonistas de la Buenos Aires cultural. Cientos de imágenes fueron ocupando distintos sectores del local hasta convertirse en uno de los rasgos más reconocibles del establecimiento.

La decoración funciona así como una especie de álbum de la memoria porteña. Los rostros que aparecen en las fotografías recuerdan a una ciudad en la que los cafés y bares eran espacios fundamentales para la conversación, la creación artística y la vida nocturna.

Pero la identidad de Los Inmortales no quedó solamente en la ambientación. La pizza se convirtió en el otro gran protagonista de la casa y su elaboración se sostiene sobre tres elementos fundamentales: un horno adecuado, una masa trabajada con cuidado y materias primas de buena calidad.

La combinación de estos factores permitió construir una receta propia y reconocible, manteniendo una preparación tradicional que atravesó distintas generaciones de clientes. El resultado es una pizzería que reúne dos aspectos de la cultura porteña: el gusto por la pizza y la fascinación por las historias de quienes hicieron de Buenos Aires una ciudad culturalmente única.

Desde aquella apertura de 1952 hasta la actualidad, Los Inmortales mantiene ese vínculo entre gastronomía y memoria. Sus fotografías, su ambiente y sus pizzas forman parte de una identidad que mira permanentemente hacia aquella Buenos Aires de cafés, artistas y conversaciones interminables.

Más de siete décadas después de su nacimiento, el nombre elegido por Fiorellino y Di Ciancia sigue teniendo el mismo propósito: mantener presentes a aquellos personajes que, aunque pertenecieron a otra época, quedaron convertidos en parte de la memoria cultural porteña.

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