Café de los Angelitos: Uno de los más reconocidos de Buenos Aires

En la esquina de Rivadavia y Rincón funciona uno de los cafés históricos más reconocidos de Buenos Aires: el Café de los Angelitos. Sus orígenes se remontan a fines del siglo XIX, cuando el inmigrante italiano Batista Fazio abrió allí un establecimiento conocido originalmente como Bar Rivadavia.

Los primeros tiempos estuvieron lejos de la imagen elegante que tendría décadas más tarde. El lugar era frecuentado por personajes vinculados a los bajos fondos porteños. Según una antigua anécdota, un comisario de Balvanera se habría referido irónicamente a aquellos habituales como “angelitos”. El apodo terminó imponiéndose y con el tiempo pasó a identificar al café.

La historia del establecimiento quedó estrechamente relacionada con importantes figuras de la cultura y la política argentina. Entre sus habitués estuvieron dirigentes socialistas como José Ingenieros, Juan B. Justo y Alfredo Palacios, además del escritor Manuel Gálvez. También era un espacio frecuentado por dirigentes de la Unión Cívica Radical, convirtiéndose en uno de esos lugares donde las discusiones políticas podían extenderse durante horas.

Pero si existe un nombre inseparable de la historia del café, ese es Carlos Gardel. En 1917, el dúo formado por Gardel y José Razzano tuvo allí una actuación que sería especialmente significativa para sus carreras. El representante artístico Mauricio Goddard los escuchó y posteriormente los vinculó con el sello Odeón, donde registraron sus primeras grabaciones discográficas, entre ellas “Cantar eterno” y “El sol del 25”.

Gardel, además, vivía muy cerca del café, en Rincón 135. Su relación con el establecimiento trascendió las actuaciones y las reuniones. Se cuenta que acostumbraba celebrar allí algunos de sus éxitos junto a sus amigos, compartiendo largas comidas que podían prolongarse hasta el amanecer.

La historia del lugar quedó inmortalizada también en la música. En 1944, José Razzano y Cátulo Castillo compusieron el tango “Café de los Angelitos”, una obra que alcanzó gran popularidad a través de la interpretación de Alberto Marino junto a la orquesta de Aníbal Troilo. La canción convirtió definitivamente el nombre del café en parte del imaginario tanguero porteño.

Sin embargo, la historia del establecimiento tuvo un largo paréntesis. En 1993, después de distintos intentos por mantenerlo en funcionamiento, el tradicional café cerró sus puertas. Durante catorce años, aquella esquina permaneció sin el protagonismo que había tenido durante buena parte de la historia cultural de Buenos Aires.

El regreso se produjo el 19 de junio de 2007. La reapertura recuperó la identidad histórica del lugar mediante una ambientación inspirada en los antiguos cafés porteños. Maderas oscuras, vitrales, cristales, bronces y mosaicos volvieron a formar parte del escenario. A esto se sumó una colección de alrededor de 350 fotografías históricas de Buenos Aires, seleccionadas de archivos y museos para recrear la atmósfera de la ciudad de aquellos primeros tiempos.

En la actualidad, el espacio combina la tradicional cafetería con propuestas culturales y artísticas. El salón principal funciona como punto de encuentro y desde allí se puede disfrutar de distintas presentaciones musicales. El complejo también cuenta con un espacio destinado a espectáculos y cenas-show, una boutique y una sala utilizada para exposiciones y acontecimientos especiales.

El tango ocupa un lugar central en la propuesta contemporánea. Las presentaciones dedicadas a este género buscan mantener viva la relación histórica entre el café y la música porteña.

Así, el Café de los Angelitos consiguió atravesar distintas etapas de la ciudad: nació como un bar de barrio, fue refugio de políticos y escritores, estuvo ligado a los comienzos discográficos de Gardel, inspiró uno de los tangos más recordados de Buenos Aires, cerró durante más de una década y finalmente volvió a abrir sus puertas.

Su historia es, en buena medida, la historia de una ciudad que cambió a su alrededor, pero que todavía encuentra en algunas esquinas la manera de conservar su memoria.

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