El afamado restaurante Chiquilín

En la esquina de Sarmiento y Montevideo, el restaurante Chiquilín conserva una parte de la memoria gastronómica y cultural de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de San Nicolás, el tradicional bodegón combina una larga trayectoria con una ubicación privilegiada, rodeada de teatros, bares y rincones estrechamente vinculados con la historia del tango.

Para conocer sus orígenes hay que retroceder hasta 1927. Por aquellos años, el establecimiento funcionaba con otro nombre: Bachín, dentro del antiguo Mercado Modelo. Décadas más tarde llegarían distintas transformaciones, entre ellas el cambio de denominación y el traslado que finalmente llevó al restaurante hasta la esquina que ocupa actualmente, donde se instaló en 1986.

La historia del lugar adquirió una dimensión especial gracias a la música popular argentina. Bachín quedó ligado para siempre al tango cuando Horacio Ferrer tomó el nombre del establecimiento como inspiración para “Chiquilín de Bachín”. La obra, creada en 1968, llevó la música de Astor Piazzolla y la poesía de Ferrer.

La historia detrás de la canción está relacionada con un niño que, según se cuenta, Ferrer habría visto trabajando durante la madrugada y ofreciendo flores en las inmediaciones del antiguo restaurante. Aquella imagen terminó convirtiéndose en inspiración para una de las obras más reconocidas de la dupla Piazzolla-Ferrer.

En la actualidad, Chiquilín mantiene la identidad gastronómica característica de los bodegones porteños. La parrilla ocupa un lugar central en la carta, con cortes como bife de chorizo, ojo de bife, asado y lomo a la pimienta. La propuesta se completa con alternativas de pescados y mariscos y una selección de vinos para acompañar la comida.

Pero en Chiquilín la historia y la gastronomía están estrechamente relacionadas. Su nombre continúa evocando aquella Buenos Aires nocturna en la que los teatros, los cafés, los músicos y los personajes anónimos compartían las mismas calles.

Casi cien años después de sus primeros pasos como Bachín, el restaurante sigue formando parte del circuito tradicional del centro porteño. Para quien se sienta en alguna de sus mesas, un plato abundante puede ser también una manera de acercarse a una ciudad que inspiró canciones, personajes y relatos que todavía sobreviven en sus bares y bodegones.

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