El histórico restaurante Pippo

Hay restaurantes porteños que consiguen convertirse en parte del paisaje de la ciudad. Pippo es uno de ellos. Con más de 88 años de historia y desde 1967 instalado en Paraná 356, en la Ciudad de Buenos Aires, el restaurante mantiene una propuesta que combina tradición, cocina casera y precios accesibles.

Su historia está vinculada a una manera de entender la gastronomía que todavía conserva muchos seguidores: platos abundantes, servicio ágil y una cocina sin demasiadas pretensiones, donde lo importante está en el sabor. La carta reúne especialidades de la cocina italiana, minutas y carnes preparadas a la parrilla al carbón.

Uno de los rasgos que distingue a Pippo es precisamente la elaboración casera de sus platos. La cocina apuesta por ingredientes seleccionados y recetas de inspiración italiana, una combinación que permite mantener una identidad gastronómica reconocible después de tantas décadas.

Entre las especialidades más buscadas aparecen los vermicellis con tuco y pesto, uno de los platos que se convirtió en emblema de la casa. En el apartado de carnes, el bife de chorizo Pippo ocupa también un lugar destacado entre las elecciones habituales de los comensales.

Pero la experiencia en Pippo no termina en el plato. Parte de su identidad está en el ambiente del salón, donde las mesas conservan los tradicionales manteles de papel y los camareros, muchos de ellos con amplia experiencia, sostienen un estilo de atención cercano y cordial.

En una ciudad donde los restaurantes cambian de nombre, de propuesta y de estética con frecuencia, Pippo conserva una fórmula que parece resistir el paso del tiempo. Su permanencia en la misma dirección desde hace casi seis décadas y una historia que supera los 88 años lo convierten en uno de esos establecimientos que permiten acercarse a una Buenos Aires gastronómica de otras épocas.

La propuesta es sencilla y directa: pastas, minutas, carnes y platos de inspiración italiana servidos con rapidez, en un ambiente informal y sin grandes artificios. Una fórmula que, después de tantas generaciones, continúa encontrando su lugar entre quienes buscan comer rico, abundante y a precios razonables en el centro porteño.

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