El fuerte incremento de las tasas de interés volvió a generar tensión en el mercado financiero. Durante el comienzo de la semana, algunas tasas llegaron a acercarse al 40% anual, un nivel que prácticamente duplicó el ritmo de inflación.
Las tasas de corto plazo alcanzaron registros cercanos al 38%, aunque este miércoles se ubicaban alrededor del 29%. En paralelo, la TAMAR registró su nivel más elevado desde el 8 de abril.
En el mercado consideran que la disponibilidad de pesos continúa siendo limitada. Frente a este escenario, operadores señalaron que el Banco Central intervino mediante la oferta de pases activos con el objetivo de moderar el avance de las tasas.
La curva de Lecaps también reflejó el cambio de escenario y comenzó a ubicarse por encima del 2,2% mensual, mientras que los rendimientos de los depósitos a plazo fijo rondaron el 2,1%.
Al mismo tiempo, el volumen de pesos absorbido por el Banco Central a través de las operaciones REPO permanece en niveles reducidos, cercano a $1 billón. Ahora la atención está puesta en la próxima licitación del Tesoro y en las herramientas que utilizará el Gobierno para administrar el mercado de pesos.
Otro dato relevante que se conoció, cuando la tasa de pases entre bancos avanzó 80 puntos básicos hasta alcanzar el 25,9% anual, su mayor nivel desde el 25 de febrero. El movimiento de las tasas refleja una prioridad clara de la política económica: contener las presiones sobre el dólar, aun cuando eso implique mantener elevado el costo del dinero.
El problema es que este endurecimiento financiero ocurre mientras la economía real atraviesa un escenario complejo. El crédito perdió dinamismo y la actividad económica presenta señales de estancamiento, por lo que el aumento del costo del financiamiento llega sobre una economía que ya muestra dificultades para recuperar ritmo.
El financiamiento puede ser una herramienta útil cuando permite afrontar una necesidad puntual, realizar una compra importante o reorganizar deudas. El riesgo aparece cuando los préstamos comienzan a utilizarse para cubrir gastos cotidianos o para cancelar compromisos anteriores. En ese caso, el crédito deja de funcionar como una solución puntual y pasa a sostener un nivel de consumo que los ingresos no alcanzan a cubrir.
Por eso, antes de aceptar un préstamo no alcanza con observar el valor de la cuota ni la tasa nominal que ofrece la entidad. Es fundamental conocer el Costo Financiero Total, ya que allí se incorporan intereses, comisiones, seguros y otros cargos que permiten determinar cuánto terminará costando realmente la operación.
También es necesario distinguir entre una tasa mensual y una tasa anual efectiva. Una tasa del 10% mensual, por ejemplo, no puede calcularse simplemente multiplicando ese porcentaje por 12, porque la capitalización hace que el costo final sea considerablemente mayor.
La pregunta clave antes de solicitar dinero prestado debería ser cuánto se terminará devolviendo en total y no solamente cuánto habrá que pagar cada mes. La rapidez con la que actualmente se puede acceder a un crédito puede ocultar fácilmente la magnitud de esa diferencia.
Cuando existen múltiples préstamos, puede ser útil analizar si existe alguna opción de menor costo que permita reunir las obligaciones y reducir la cantidad de compromisos financieros. El objetivo no debería ser eliminar por completo el uso del crédito, sino evitar que se transforme en una extensión permanente de los ingresos.
En un contexto donde conseguir financiamiento requiere cada vez menos pasos, comprender cuándo conviene endeudarse y cuándo es preferible rechazar un préstamo puede ser tan importante como encontrar una tasa más conveniente.
