Fundado en 1852, el Club del Progreso ocupa un lugar singular dentro de la historia social y gastronómica de Buenos Aires. Considerado el club de caballeros más antiguo de Sudamérica, su restaurante combina el carácter histórico de la institución con dos espacios gastronómicos de estilos muy diferentes.
El edificio tiene además su propia historia. La propiedad estuvo vinculada originalmente con la familia Duhau y, a lo largo de los años, sus salones fueron escenario de encuentros protagonizados por numerosas figuras de la política argentina y de la vida pública del país.
En el primer piso se encuentra el Salón Alvear, un ambiente de marcada elegancia que conserva detalles arquitectónicos de época. Los techos elevados, la boiserie, los grandes espejos y los elementos de bronce contribuyen a crear una atmósfera clásica y distinguida. La propuesta culinaria se basa en platos de elaboración casera, con una marcada presencia de sabores provenientes de las tradiciones italiana y española.
La experiencia cambia por completo en la planta baja, donde funciona Viraró Bodegón. Allí el ambiente es más informal y se destaca un patio con piso de damero, acompañado por una parrilla, un horno de barro y una barra. La carne ocupa el centro de la propuesta, especialmente a través de un servicio de parrilla libre que reúne distintos cortes.
Entre las opciones pueden aparecer ojo de bife, vacío, entraña, bife de vacío y bife de chorizo, elaborados con carnes provenientes de reconocidas razas como Hereford, Aberdeen Angus y Brangus. La propuesta apunta a quienes buscan una experiencia abundante y bien argentina, con la parrilla como protagonista.
La oferta gastronómica se extiende durante prácticamente todo el día: hay alternativas para comenzar la mañana, brunch, almuerzos generosos pensados para compartir, meriendas y cenas. Tanto el jardín al aire libre como el patio permiten disfrutar de la comida en un entorno relajado.
Entre los platos que identifican a la casa se encuentran las empanadas, la entraña a la parrilla, las costillas de cordero, el tradicional puchero y el cochinillo preparado al estilo segoviano.
Así, el restaurante del Club del Progreso propone dos experiencias que conviven dentro de un mismo espacio: por un lado, un comedor elegante marcado por la historia del edificio y, por otro, un bodegón de espíritu más relajado donde la parrilla y los platos abundantes toman el protagonismo.
