Banchero: La buena pizza de renombre nacional e internacional

La historia de Banchero está estrechamente ligada a La Boca y a la inmigración italiana que transformó la identidad gastronómica de Buenos Aires. A fines del siglo XIX, la familia Banchero llegó desde Recco, en la región de Liguria, y se estableció en el tradicional barrio porteño. Allí comenzó su actividad comercial con una panadería, sentando las bases de un emprendimiento familiar que con el tiempo se convertiría en uno de los nombres más reconocidos de la pizza argentina.

El gran salto llegó en 1932, cuando la familia abrió su propia pizzería. A partir de entonces comenzó una historia que trascendería las fronteras del barrio y quedaría vinculada para siempre con una de las preparaciones más emblemáticas de la gastronomía porteña.

A Banchero se le atribuye la creación de la fugazzeta, una especialidad que combina dos tradiciones muy arraigadas en las pizzerías de Buenos Aires: la fugazza con cebolla y la pizza con abundante queso. La preparación terminó convirtiéndose en un clásico y, con el paso de las décadas, pasó a formar parte de las cartas de numerosas pizzerías tradicionales de la ciudad.

Pero Banchero no construyó su prestigio únicamente alrededor de sus pizzas. El local también fue un punto de encuentro para figuras destacadas de la cultura y la vida popular argentina. Entre quienes frecuentaron el lugar estuvieron el artista Benito Quinquela Martín, cercano a la familia, además de figuras del espectáculo como Luis Sandrini y Tita Merello. También se vincula al establecimiento con la presencia de Eva Duarte de Perón.

Más de nueve décadas después de aquella apertura de 1932, Banchero continúa formando parte del patrimonio gastronómico y cultural de Buenos Aires. En 2026, su nombre permanece asociado a La Boca, a la tradición de la pizza porteña y, especialmente, a una receta que se convirtió en un símbolo de la ciudad: la fugazzeta.

Su historia representa además la manera en que las tradiciones de los inmigrantes se incorporaron a la cultura argentina y terminaron dando origen a sabores propios. Lo que comenzó con una panadería familiar a fines del siglo XIX terminó convirtiéndose en una institución de la gastronomía porteña.

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