Clarck, un lugar distinto en Buenos Aires

En el barrio de La Paternal se encuentra Clarck, un espacio dedicado a los videojuegos y entretenimientos retro que reúne una de las colecciones más importantes de máquinas vintage del país. El lugar recrea la atmósfera de los antiguos salones de juegos, recuperando los sonidos, las luces y la estética de los clásicos fichines que fueron protagonistas durante las décadas del 80’s y 90’s.

La propuesta se diferencia del sistema tradicional de los arcades: en lugar de comprar fichas o pagar por determinado tiempo de juego, los visitantes abonan una entrada y pueden utilizar libremente las máquinas disponibles bajo el sistema freeplay. El salón cuenta con más de 80 equipos funcionando al mismo tiempo, lo que permite disfrutar de una amplia variedad de juegos durante la visita.

La colección reúne distintas generaciones del entretenimiento electrónico. Hay desde antiguos flippers mecánicos hasta modelos de pinball que incorporan tecnología y pantallas digitales. También forman parte de la propuesta algunos de los grandes clásicos de los arcades, como Pac-Man, Mortal Kombat y Street Fighter.

Pero Clarck no se limita a recuperar la experiencia de los antiguos salones recreativos. El espacio también incorpora una propuesta gastronómica que permite permanecer en el lugar durante más tiempo sin tener que interrumpir las partidas. Hay mesas dentro del salón y un servicio que permite comer y beber mientras se disfruta de los videojuegos.

La carta incluye diferentes alternativas para acompañar la jornada, entre ellas pizzas de elaboración propia, hamburguesas, panchos y opciones de parrilla. Para quienes visitan el lugar durante la noche, la barra ofrece bebidas y cócteles clásicos, además de cerveza tirada.

Durante las jornadas familiares también hay opciones sin alcohol, como licuados, jugos, gaseosas y distintas bebidas pensadas especialmente para los más chicos.

De esta manera, Clarck combina en un mismo espacio la nostalgia por los videojuegos clásicos con una propuesta pensada para compartir, comer y pasar varias horas entre máquinas que marcaron una época. Una experiencia que permite volver, aunque sea por un rato, a la era dorada de los arcades.

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