Eveready: Una pila de vida

Hay productos cotidianos que terminan formando parte de los recuerdos de una generación sin que nadie lo haya planeado. Durante buena parte del siglo XX, las pilas Eveready estuvieron presentes en hogares argentinos acompañando radios, linternas y otros aparatos que dependían de una fuente portátil de energía.

Su reconocible envase rojo y la imagen del gato negro se convirtieron en elementos fáciles de identificar. El felino, asociado tradicionalmente con la idea de las nueve vidas, funcionaba además como una representación visual de resistencia y duración. Para muchos consumidores, esa imagen terminó siendo tan familiar como los propios aparatos en los que se utilizaban las pilas.

La marca también consiguió una fuerte presencia a través de la publicidad. Uno de los ejemplos más recordados fue la campaña “Una pila de vida”, que apareció en 1982. La propuesta utilizaba la música y el movimiento para relacionar la energía de las pilas con una idea mucho más amplia: disfrutar, bailar y aprovechar cada momento.

El jingle tuvo una participación destacada de Alejandro Dolina, junto con Eduardo Schejtman y Miguel Loubet, y consiguió instalarse rápidamente en la memoria popular. Su melodía alegre y repetitiva ayudó a que la campaña trascendiera el espacio habitual de un anuncio comercial.

La propuesta audiovisual también buscaba transmitir dinamismo. El spot fue dirigido por Fernando Lúpiz y producido por la agencia Ortiz Scopesi, con escenas protagonizadas por personas disfrutando y bailando. Algunas imágenes fueron realizadas en el antiguo parque de diversiones Interama, aportando un escenario reconocible para el público de aquellos años.

La combinación entre música, colores, movimiento y una identidad gráfica muy definida hizo que la campaña tuviera una presencia especial en la televisión argentina. La publicidad no hablaba únicamente de la duración de una batería, sino que intentaba asociar el producto con una sensación de vitalidad y entusiasmo.

Con el tiempo, la tecnología cambió y muchos de aquellos aparatos quedaron atrás. Sin embargo, la imagen de las pilas Eveready permanece vinculada a una época en la que reemplazar las baterías de una radio o una linterna era una tarea habitual en cualquier casa.

Por eso, para muchas personas, recordar aquel envase rojo y el famoso gato negro significa algo más que recordar una marca. Es volver a radios encendidas, linternas preparadas para un corte de luz y tardes en las que la música de la televisión formaba parte inseparable de la vida cotidiana.

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