Güerrín: El clásico de la pizza que custodia la historia porteña

En plena Avenida Corrientes, entre teatros, librerías y el movimiento permanente del centro porteño, existe un lugar que forma parte de la memoria gastronómica de Buenos Aires. Güerrín abrió sus puertas en 1932, varios años antes de que el Obelisco se convirtiera en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. El proyecto fue impulsado por los inmigrantes genoveses Franco Malvezzi y Guido Grondona, quienes trasladaron a Buenos Aires parte de las tradiciones culinarias que habían conocido en su tierra de origen.

Desde aquel comienzo en Corrientes 1368, la pizzería fue creciendo hasta convertirse en una de las referencias más reconocidas de la pizza porteña. Actualmente, su carta reúne alrededor de 70 alternativas, aunque detrás de esa amplitud existe una premisa que permanece prácticamente intacta: conservar una manera artesanal de preparar la masa y respetar los procedimientos que identificaron a la casa desde sus primeros años.

La elaboración continúa teniendo un importante componente manual. Los pizzeros trabajan la masa en grandes recipientes y mantienen una metodología transmitida a través de distintas generaciones. La particularidad adquiere todavía mayor relevancia si se considera el enorme volumen de producción que maneja el establecimiento diariamente.

Pero la experiencia de Güerrín no se limita a lo que llega al plato. Su interior también forma parte de su atractivo. Cerámicas, mármoles, madera, granito, mosaicos venecianos y detalles metálicos construyen una ambientación que remite a las grandes pizzerías porteñas del siglo XX. El resultado es un espacio donde la gastronomía y la historia urbana parecen convivir en cada salón.

Ese patrimonio arquitectónico y su estrecha relación con la cultura popular de la ciudad contribuyeron a que el establecimiento recibiera la declaración de Interés Cultural. Otro elemento inseparable de su identidad son los hornos a leña, que forman parte del funcionamiento cotidiano de la casa y ayudan a conservar ese carácter tradicional que distingue a la pizzería.

A casi un siglo de su nacimiento, Güerrín continúa ocupando un lugar particular dentro del mapa gastronómico porteño. Su permanencia no depende únicamente de la fama acumulada con los años, sino de una fórmula sencilla: mantener técnicas, sabores y una ambientación que permiten experimentar una pequeña parte de la historia de Buenos Aires cada vez que se cruza su puerta.

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