Pin Pun Villa Urquiza: El local de la pizza al molde que custodia la historia porteña

Buenos Aires cambia constantemente, pero algunas propuestas gastronómicas consiguen mantenerse firmes frente al paso del tiempo. En Villa Urquiza, Pin Pun representa justamente eso: una pizzería que conserva una parte de la historia culinaria de la ciudad y que, al mismo tiempo, logró integrarse plenamente a la vida cotidiana del barrio.

Su historia está vinculada con el tradicional establecimiento de Almagro, cuya trayectoria comenzó en 1927 sobre la Avenida Corrientes, cuando fue creado por inmigrantes de origen genovés. Con casi un siglo de recorrido, aquella casa se convirtió en una referencia indiscutida de la pizza porteña y en uno de los comercios gastronómicos más antiguos que continúan funcionando en Buenos Aires.

La sede de Villa Urquiza encontró su propia identidad sin romper con esa tradición. Desde 1967, la familia Prieto está al frente del lugar y fue construyendo una propuesta que combina el espíritu de la pizzería clásica con el ambiente relajado y familiar característico de los bodegones. La decoración acompaña esa sensación: predominan las mesas de madera, los azulejos, las fotografías antiguas y un salón pensado tanto para comer como para encontrarse y conversar.

La carta tampoco busca reinventar una fórmula que funciona desde hace generaciones. La protagonista es la pizza al molde, de masa abundante y aireada, con una base firme y una cubierta generosa de muzzarella gratinada. También aparecen clásicos porteños como la fugazza con queso, mientras que las empanadas fritas de carne cortada a cuchillo ocupan un lugar especial entre las preparaciones más buscadas. El contraste entre un relleno jugoso y una masa crujiente las convirtió en otro de los distintivos de la casa.

El reconocimiento de Pin Pun también trascendió las fronteras de Villa Urquiza. El establecimiento fue reconocido como Sitio de Interés Cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

En una época en la que muchos restaurantes apuestan por tendencias efímeras, Pin-Pun eligió otro camino. Su propuesta se apoya en recetas conocidas, atención cercana y una tradición familiar que continúa pasando de generación en generación. Más que buscar convertirse en una novedad, la pizzería apuesta por seguir haciendo aquello que la convirtió en un clásico: ofrecer comida porteña reconocible, abundante y ligada a los recuerdos de quienes crecieron alrededor de una mesa.

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